Humedad exquisíta
Era de noche y hacía frío, mi cuerpo buscaba calor. Me tumbé en el sofá cubriendome con las mantas, pero no era suficiente. Comencé a pensar en las ganas que tenía de que volviese mi marido a casa, para que me diera calor, su cuerpo acostumbra a estar siempre en caliente. Y cuando llegaron esos pensamientos a mi cabeza, comencé a recordar cosas bastante húmedas, cosas que comenzaron a ayudar a que entrase en calor. Recordé lo mucho que me fascina cuando tengo a mi marido entre mis piernas, en esos momentos en los que su boca humedece mi clítoris y comienza a excitarme. Me puse tan caliente, que me levanté del sofá y fuí a la habitación. Abrí el cajón de mi mesita de noche y saqué mi consolador favorito, 18cm con una cabecita de conejo para estimular el clítoris y vibración de tres velocidades, color rosa. Lo encendí directamente en el tres, comencé a acercarlo lenta y suavemente hacia mi clitoris. No tardé en sentirme húmeda, así que comencé a deslizar lo hacia el orificio...


























