Provocando a la fiera


Sonó el timbre del portero, abrí ansiosa la puerta. Y con mirada pícara me asomé lentamente y él al verme sonríó, se acercaba a mi paso a paso, nuestras miradas cómplices ya sabían qué nos estábamos insinuando. 

Nuestros cuerpos se llamaban mutuamente atrayéndose entre si y al encontrarnos frente a frente nuestros brazos se unieron abrazando el cuerpo del otro sumergiendo nuestras bocas en un núcleo que comenzaba a hacer temblar el piso.

Entramos y al cerrar la puerta seguimos devorando nos sin cesar. Mientras tanto nos dirijiamos al dormitorio y una vez allí me empujó salvajemente a la cama. Provocando en mi una sensación indescriptible. Me retiró los pantalones y el jersey, él seguidamente se quitaba la ropa mientras me miraba a los ojos. No le aparté la mirada ni un segundo, le dije << ven, comeme...>>. Gateó desde mis pies hasta llegar a mi boca, nos fundimos al rozar nuestros cuerpos desnudos, fuimos los más débiles ante el placer de la noche. Cualquiera se hubiera excitado al escuchar a través de las paredes del edificio.

Después de besarnos con pasión y rozar nuestras partes hasta humedecerlas, mi marido se armó con mis juguetes y bajó a jugar con su vicio favorito. Le preparé el terreno como a él más le gusta, separé mis labios vaginales dejándole a la vista el clítoris. Acercó un par de dedos al orificio de mi vagina y su sabrosa lengua a mi clítoris. Jugaba con la punta de dos dedos, esos dedos que parecía que dudaban de entrar o no dentro de mi volcán. O que jugaban con mi excitación mientras sentía su lengua como una serpiente a la que acabasen de inyectar adrenalina pura. 

No paraba de dar vueltas alrededor de mi clítoris, a veces la movía hacia arriba y abajo rápidamente sobre mi clítoris, incluso justo por debajo de él, hasta que me penetró de repente con el consolador rosa mientras seguía devorandome. Sentía el colchón empapado, la causa estaba entre mis piernas. Absorbiendo me el flujo como un vampiro, haciéndome estremecer entre gemidos de placer puro incesante e incansable. Mientras tanto añadió otro plus a mi excitación que haría que mi volcán estuviese a punto de entrar en erupción. Me penetró otro juguete a la vez que tenía dentro de mi el consolador rosa que no paraba de vibrar, esta vez por el ano. Mientras me penetraba con ambos y seguía devorandome el clítoris, cada vez le exigía que quería más, más y más. Quería sentir las penetraciones más profundas, mas incesantes y que su lengua fuese a mil por hora haciendo que yo sintiera que no se iba a mover de ahí para tenerme torturada de por vida en ese limbo. Entre gemidos cada vez más acelerados, al fin mi volcán entró en erupción provocando de nuevo en mi ese orgasmo acompañado de mis famosos gritos de loca envuelta en unos estremecedores gestos de satisfacción. Mi hombre sacó de mi vagina el consolador rosa, el muy astuto dejó dentro de mi el que me metió por detrás. Me agarró de las piernas arrastrándome hacia él y su miembro empalmado con ganas de vagina mojada. Me penetró salvajemente y comenzó a follarme sin parar, iba rápido, movía el consolador que el muy astuto no retiró. No paraba de hacerme gritar de placer como una descosida. Salió de mi, me puso a cuatro patas, me sacó el consolador del culo y me pasó el rosa. Lo encendí, me puse el conejo en mi clítoris y él me penetró por detrás. Iba rápido, yo también, mi vagina no paraba de gotear y los dos no parábamos de gemir entre tanta excitación. Cada vez ibamos más rápido hasta que notamos como palpitaban nuestras partes antes de comenzar a correrse y en el momento en que mis músculos comenzaron a contraerse lo sentí de nuevo, junto con su corrida dentro de mi culo tan gustosa, ese orgasmo tan deseado y lleno no, llenisímo de placer. Terminamos agotados pero nuestros cuerpos seguían demandando mucho más, y aunque quisimos poner un poco el freno porque era un sin parar. 


Ni siquiera nos dió tiempo de llegar al descanso.



Continuará...

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